19/1/18

Un "panóptico cercano": la cárcel Modelo muestra sus entrañas.

Torre central de la Modelo (Autor: Josep Maria de Llobet)



























El pasado 7 de junio cerró definitivamente sus puertas la Cárcel Modelo de Barcelona, la más antigua de España. De julio a noviembre miles de personas visitaron la exposición “La Modelo nos habla. 113 año. 13 historias” en la cárcel más antigua de Cataluña. Aunque se podían visitar pocas estancias, bastaba observar un poco pequeños detalles para imaginarse las duras condiciones tanto para los internos como para los trabajadores: un edificio que en su momento fue un símbolo de modernidad, se había quedado totalmente obsoleto.

El edificio, diseñado por Salvador Vinyals Sabaté i Josep Domènech Estapà, fue construido siguiendo los principios de Jeremy Bentham (1748-1832), filósofo y reformista social, conocido por ser uno de los defensores del utilitarismo jurídico británico, cuyas ideas iniciaron la reforma del sistema carcelario de su país.

En las penitenciarías panóptica, tal como proponía Bentham, todo interno perdía el poder de hacer el mal o la capacidad de intentarlo. El penado podía ser observado permanentemente desde la torre por uno o dos vigilantes, único elemento arquitectónico omnipresente visualizado a contraluz desde su celda de internamiento, ya que se le impedía contemplar todo lo que ocurría a su alrededor mediante un complejo sistema de tabicado de celdas. El edificio de la calle Entença cumplía buena parte de aquellos postulados.

Durante estos días se puede contemplar en los muros circundantes la propuesta del fotógrafo Josep Maria de Llobet "Expuestos, El valor de la intimidad".  Ahí se exponen una selección de imágenes del interior del recinto vacío de modo que cualquiera pueda ver qué se esconde tras la imponente valla. Las imágenes, tal como presenta su autor "ya no son solamente documento y memoria, sino que se transforman en un verdadero vehículo de comunicación entre la ciudadanía y este lugar mítico y maldito, siempre oculto, fuera de nuestros mapas cotidianos".  

Preguntamos a De llobet sobre qué aspectos le llamaron más la atención al realizar cada toma. Uno, muy curioso e imposible de captar con la cámara era el peculiar olor  "a cerrado, a humedad, salado y penetrante.". Por otro lado, quedó impactado por la percepción de "la ausencia de soledad. El espacio arquitectónico está vacío pero lleno de recuerdos, de historias, de tiempo condensado en cada pared, en cada rincón. Y esa soledad aparente también es engañosa. Podría hacernos pensar que la vida del preso es solitaria y creo que nada más lejos de la realidad. El preso nunca está solo. Todo se comparte, y eso lo explico en el texto que acompaña el proyecto en mi web."